Sonrisas que brillan

Pequeñas sonrisas

martes, 16 de octubre de 2012

Quédate, solo eso.

Y me encuentro pensándote, qué raro ¿no? La verdad es que no. Lo hago cada día. Lo sabes, lo sé. Es una rutina diaria demasiado bonita. Me gusta pensarte, como si estuvieras aquí, conmigo. Y en cierto modo lo estás, pero no lo sabes. Se pasa el tiempo, rápido, muy rápido y todavía rondas mi mente. Deberías dejar un poco para los demás, ellos también quieren, y no les dejas, no. Tienes ya tu casa tan bien amueblada en mi cabeza que no te quieres ir. Y lo entiendo, créeme. Yo tampoco quiero que te vayas. Quédate, no digo para siempre digo quédate, solo eso. Sin prisa sin tiempo. Solo conmigo. Sí, sí, lo sé. Ya estoy soñando otra vez. Me he quedado dormida, puede. Pero es que se sueña tan bien contigo. Eres malo, pero eso no lo dices. O lo dices y te ignoro. Quizás sea eso. Es todo tan complicado... ¿Sabes de qué hablo? Creo que me he vuelto a perder. Me pasa a menudo, pero creo que no es preocupante. ¿Sigues aquí? ¿Hola? Sí, buenas noches. Visítame mañana, por favor. Ah vale, sí, bien. Te veo dentro de un minuto. Adiós, adiós. Un beso. ¿Solo uno? Vale, dos. Diez. Treinta. Miles. Está bien. Te quiero. ¿Y tú? Entiendo.

lunes, 10 de septiembre de 2012


La fría noche nos cogió desprevenidos. Tu mundo y el mío. Distintos, diferentes, nuevos, excitantes. Era la atracción lo que nos llamaba, era algo por descubrir. Algo que no nos esperábamos pero que acogimos con gusto, invitándolo y dejándolo entrar con nosotros. Locura, lo llaman. Tu locura y la mía se unieron como imanes, parecíamos estar hechos a medida, la misma tela, el mismo sastre. Mis ojos saltaban entre tus sonrisas, haciéndolas aparecer cada vez más. Cada vez más amplias, cada vez más sueltas. Recuerdo el roce de tu mano, la descarga eléctrica que se desprendía de tus dedos y que recorría mi espina dorsal haciendo tiritar a todo mi cuerpo. No sabes la de veces que lo he rememorado. Porque tú no deberías y yo no debería. Somos peligro juntos, un peligro que consume. Y nos arriesgamos, cada día, a cada hora. Yo tu vicio, tú mi droga. Con un final que no queremos ver pero que está y que nos estrangula por momentos. Está mal. Muy mal. ¿Y qué? Esa pregunta se me repite en la mente constantemente. Es el momento, hagámoslo nuestro. Dejémonos llevar, sigamos la corriente. Déjame equivocarme, que me tropiece y caiga. Entonces pararé, te lo juro. Pero de momento, es un tú y yo. Y no hay más. Nadie más.

viernes, 10 de agosto de 2012

No es normal esto de tanto quererte.

"Que todo empezó con dos besos y terminó en un sofá con miles. Las miradas jugaban su propio juego y las sonrisas hacían su parte en ese rol absurdo pero necesario. Nos rozábamos sin querer pero ¡cuánto queríamos! Suspirábamos por el placer de mirarnos a los ojos y de comernos a besos interminables. Tu cuerpo y el mío se unieron en perfecta armonía mientras las notas salían de mis gemidos. Tus manos rozaban los límites de la pasión. Me hacían estremecerme con escalofríos corriendo bajo mi piel."

                                                           

No sabes la de borradores que tengo en mi mente de tanto pensarte. De desgastarte el nombre en sueños. De recordar el contorno de tu cuello y el sonido de tu voz. De pensar en tus manos recorriendo mi piel y esa perfección de cuerpos bailando al unisono. Que no es normal esto de tanto quererte. Porque no sé si tu piensas en mí cada vez que te duermes. Si sueñas conmigo y con mis ojos, esos que son reflejo de los tuyos. Me gustaría ser tu "te echo de menos" y tu sonrisa al despertarte. Me gustaría ser tantas cosas que me quedo pensando y apareces tú. Tú, que te has clavado en mí y ya no hay nadie que te quiera sacar. Que ni yo quiero ni mi mente quiere. Que estamos presas en tu cárcel. Que saldríamos a buscarte pero queremos que vengas. Que vengas ya. A decirme que es real, que tú y yo somos. Somos y seremos.

sábado, 28 de julio de 2012

Buscando mi perdición



Que pasan los días y te echo de menos. Más incluso que hace veintisiete noches. 
Que no es posible que esa mirada me persiga incluso despierta. 
Que tus manos me sigan acariciando aunque hace ya días que 
no recorren mi cuerpo. Que tu voz se me ha quedado grabada 
entre jadeos.Ya no puedo dormir sin soñarte, que te has 
convertido en rutina de mis días. Eres quien entra en mis 
pensamientos sin avisar, irrumpiendo mi manera de pensar. 
Olvídame te quisiera decir pero me doy cuenta que la que no
 te olvida soy yo. Y me río amargamente mientras tu voz 
resuena una y otra vez en mi cabeza. Que solo soy un eslabón 
perdido que busca la perdición. Busco una mano que me 
quiera recorrer. Recórreme los miedos y corrámonos de placer. 
De esa maratón que sabemos jugar tan bien. Déjame recordar 
todos los lunares que encontré. Solo bésame.

martes, 10 de julio de 2012

Vuelve.

¿Y qué me dices de los suspiros entrecortados con los que recibimos la noche? Ella, público de nuestros besos. De nuestras manos rozándose en cualquier rincón ya recorrido. Habilidad para buscarnos no nos faltaba. Jugamos al yo me excito mientras me tocas. Al más abajo, por favor. Tú, que me sonreías con una picardía tan especial que no podía dejar de mirarte. Esos ojos que derretían al más frío de los hielos eran puro éxtasis. Quisimos jugar, jugamos y arriesgamos. No había perdedores, no había ganadores, era un partido entre tus manos y mis jadeos; entre mi lengua y tu piel. Oh sí, recuerdo hasta la más mínima curva de tu cuerpo. Hasta la más leve cicatriz. ¿He mencionado ya que estoy llena de cicatrices?  Son tuyas, mías y de la noche. Son tantas que ya he dejado de contarlas. Espero que las repitas. Te espero en la misma cama, por si acaso te pierdes en el camino. ¿He de recordarte que llevo diez noches esperándote? A lo mejor debería susurrarle al viento tu nombre y que este te lleve entre mis sábanas. Pero tengo miedo. Es un miedo ilógico, de esos que son absurdos pero que te paralizan. ¿Lo has sentido alguna vez? Espero que no. Hace frío. Ven, ya. Es tarde y me quedo dormida. Vuelve.

domingo, 3 de junio de 2012

Por 30 minutos a tu lado.

La noche era oscura. Las luces de las farolas titilaban y solo estábamos tú y yo. Tú, que hasta apenas tres días eras un completo desconocido para mí. Las miradas cruzábamos sin ser conscientes de que algo crecía sin poder remediarlo, sin querer resistirlo tampoco. Los encuentros, aunque casuales, electrificaban el ambiente. Los roces de muñeca, encendían hasta el mismísimo Sol. Y los acordes de tu voz, incitaban a mi sonrisa. Por eso, la noche, era especial. Era especial por tu presencia, pero también porque no te fuiste. Te di la oportunidad, aunque mis ojos suplicaban un "Quédate..." medio roto. Y tú te quedaste, preferiste intentarlo, arriesgarte a jodernos en un espacio de aire tan pequeño entre nosotros que el aire solo pasaba de medio lado. Entonces te toqué. Como tantas veces había hecho en mi cabeza. Y tú no te moviste, pero sí me miraste... tan intensamente que creí que me rompería en dos. Y sonreí, como tantas veces había hecho ya. Alzaste la mano y rozaste mi cara. Y yo cerré los ojos, disfrutando de ese momento que no sabíamos si se repetiría. La mano bajó lentamente por mi cuerpo y se apoyó en mi cintura; para acortar esos dos centímetros que nos moríamos por eliminar. Me miraste, te miré y nuestras bocas susurraron un beso exigente, con deseo y sin control. Nuestros labios se rozaron y todo el Universo gritó. Los besos se movían por melodía y las lenguas por danzas indescifrables. Pasaron horas, o quizás minutos, porque el tiempo voló sin darme cuenta. Y tú te separaste despacio, pero el frío se notó. Y tu mirada a tu reloj rompió la conexión. Las lágrimas quisieron escaparse de mis ojos pero yo no se lo permití. Te vi mirarme con esos ojos que llevaban un "Lo siento" escrito pero fue tan fugaz que creí imaginármelo. Así, poco a poco, te volviste, echaste a andar y desapareciste. Consulté mi reloj. Treinta minutos. Habían pasado treinta minutos. Y comprendí que habían sido mis mejores treinta minutos, pero también mis peores.

lunes, 28 de mayo de 2012

Las piernas se me enredan entre sábanas.

Las piernas se me enredan entre sábanas. Sábanas de sexo y pasión. De te como aquí y te muerdo allá. De reventarte a besos y besarte hasta reventar. De subir y bajar. De sacarte la lengua para que la cojas. De jugar al escondite sin esconderme. De jugar a entendernos sin ni siquiera rozarnos. De suspiros entre jadeos. De salivas que me recorren. De dueños que no me poseen. De manos que me buscan, me encuentran y tocan. De silencios tan altos que duele romperlos. De caricias que se repiten, una y otra, y otra vez. De ritmo descompasado. De cosquillas en mi punto débil y de mordiscos en tu oreja derecha. De guiños que incitan y respuestas que enloquecen. De provocaciones unidas a escalofríos. De frío sin ti. De gritos en la madrugada. De llamadas en la noche. De refugios entre colchones. De palabras a medio a terminar. De tabúes nunca dichos. De miradas que hipnotizan. De subidas de temperatura en invierno. De si te quiero o si no. De si eres mío o si no. De ti, de mí. De nosotros. 

jueves, 3 de mayo de 2012

Días y noches. Noches y días.

No dejaba de llover.
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Las gotas arremetían contra el cristal de mi cuarto. Pequeña lluvia que chocaba con intensidad, que se rebelaba contra el sol. Olía a lluvia. Ya sé que no tenía la ventana abierta... pero olía a hierba húmeda recién regada, a charcos que se colocan delante de ti para que saltes, a paraguas desplegados, a agua sobre mi cara. Durante unos segundos, cerré los ojos y disfruté de esa sensación. Caliente, bajo mil mantas. Con un libro en la mano y un café en la mesilla. El café ya estaba frío. O quizás era más correcto decir que era un cubito líquido. Me subí la manta hasta el cuello y suspiré. Fue un suspiro largo, profundo y de todo menos silencioso... de esos que esconden secretos. Cuando por fin abrí los ojos... nada era verdad. Un sol lucía en lo alto de mi ventana incitándome a asomarme. Los rayos se filtraban en mi pelo, jugando a luces y sombras. El libro había desaparecido de mi mano y en sustitución había una hoja. En blanco. Vacía. La mesilla se encontraba sin ningún café helado y con algún que otro zumo de naranja. El reloj marcaba las dos. Las dos, pero de la mañana. Esa mañana que yo llamo madrugada y tú la calificas de noche. Pues eso, era de noche. De noche y con un sol tan enorme como mi sorpresa. Me pellizqué, os lo juro. Pero no funcionaba. No era otro de mis sueños absurdos. Que sí, que me levanté y llamé, llamé al silencio. Y me visitó. Se sentó, me acarició y no habló. Siempre quise hablar con el silencio, pero nunca me atreví. Todavía, hoy, sigo esperando su respuesta. Una respuesta a una pregunta olvidada. Y creo, pero solo creo, que llevaba tu nombre. Ese nombre que volvía las noches, días y los días, noches.

domingo, 29 de abril de 2012

En un rincón de Manhattan, iluminado por los rascacielos que le rodean, William mira la vida por ese cristal tan enorme que tiene como ventana. Sus ojos veloces y azules observan detenidamente cada detalle que acontece esa noche estrellada. Una luz encendida por descuido en un décimo piso, la bocina de un coche que llega tarde, una estrella que se esconde de su mirada, una calle llena de transeúntes que gritan, exigen y corren... en definitiva, una noche sin risas, con sombras y soledad. Mientras, su mirada algo atormentada se vuelve y echa un vistazo a ese apartamento algo desordenado. Lentamente camina hacia la cocina. Y como un autómata, coge un vaso, saca el licor y se lo echa cuidadosamente hasta que el cristal está lleno. Un segundo más tarde, el líquido ya corre por sus venas. El alcohol parece haberle relajado y algo más tranquilo, se limita desvestirse para darse una ducha rápida. Pero antes de que se haya podido quitar la ropa interior, un timbre resuena en la habitación. Ring. ¿Quién será? Ring ring. Es tarde. Ring ring ring. Con pasos silenciosos, se acerca cuidadosamente hasta la puerta. Y antes de que suene otro ring, la puerta se encuentra de par en par.
-Estás muy sexy, Willy.
-¡Oh! Eres tú, Lily...
-Calla y déjame pasar.
Lily entra en el apartamento sin prisa pero con impaciencia, desliza el abrigo por su hombro, y lo tira al sofá, corriendo la misma suerte que el vestido que ya no lleva puesto y que se ha quitado sin que William se diese cuenta. Esa noche, William se deja llevar y se deja hacer, delicadamente pero sin control.


A la mañana siguiente, unas nueve horas más tarde de la llegada de su querida Lily, se despierta solo, desnudo y con un dolor de cabeza insoportable.

miércoles, 25 de abril de 2012

Te quiero mientras escribo esto.

Y son tantos los momentos en los que te recuerdo que no podría enumerarlos todos. Te podría decir 10, 20, 30 o quizás 40, pero se me secaría la boca de pronunciar tu nombre. Tu nombre. Lo llevo grabado en mí, como si fuera una película que se repite constantemente. Doy un paso, y estás. Como y me sonríes. Sueño y apareces. Me persigues y yo solo te espero. Te espero sentada en el recuerdo de un banco que nos unió, que hizo que tú aquel día me besaras con un miedo atroz a perderme, a perder todo lo que tú y yo teníamos. Te recuerdo a cada paso que doy, a esos paseos eternos cogidos de la mano y sonriendo al mundo entre risa y risa. Te veo cuando me siento en el sofá acurrucada con una manta viendo Titanic, me acaricias lentamente y me secas las lágrimas. Te sonrío cuando el viento pasa por mi lado, cuando una corriente me acaricia y cuando un ruido se dispara. Te echo de menos todos los días que no estuvimos, todos los enfados tontos, todos los "te odio" sin terminar. Te quiero cuando hablo, cuando río o cuando lloro, cuando sueño o recuerdo, cuando ando o cuando corro, pero sobre todo te quiero mientras escribo esto.

viernes, 20 de abril de 2012

Sonrió.

Todo ocurrió de repente. En una milésima de segundo el precipicio se abrió y comenzó a descender en una vorágine de espirales interminables, cada vez más profundas, cada vez más negras. Solo pensaba en una cosa, un pensamiento que le rondaba por las piernas, por las manos y los labios. Que le recorría como si fueran pequeñas descargas eléctricas. Tenía frío, pero sentía calor, un calor que perlaba su frente de pequeñas gotas que marcaban que algo real ocurría. La caída se aproximaba, no cesaba, continuaba. No quedaba tiempo, no quedaba nada. Todo descendía y las cosas parecían precipitarse; sin control, sin un porqué. Más abajo, más y más aún. La sensación de vacío no terminaba, el frío aumentaba por suspiros y el viento se movía por decibelios. Vértigos, mareos y nauseas. Aquello era un popurrí de sentimientos que se entremezclaban para proclamar desconcierto e ignorancia. Y como si los ángeles hubiesen cantado, el ruido desapareció, el frío se paralizó y ella parpadeó. Sus extremidades cobraron sentido y con torpes movimientos hizo amago de ponerse en pie. Se echó un vistazo y se levantó. Como una autodidacta se limpió los ojos llorosos, se peinó y sonrió. Sonrió. Nunca nadie había sonreído de esa manera. Como si la felicidad estuviese delante de ella. Y eso fue suficiente. Suficiente para comprender el poder de una sonrisa. Porque solo fue necesaria una sonrisa para darse cuenta de que si quieres, puedes.

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jueves, 29 de marzo de 2012

Relojes a descontrol


Llega un momento en que la vida frena, en el que tú corres a 100 km/h y el mundo parece pararse. El botón de la pausa anda perdido y los relojes ya no cuentan y si cuentan, no te encuentran. Las brújulas ya no orientan tu destino sino un mix de norte, sur, este y oeste. Y te paras a pensar pero sigues caminando, sin retroceder ni un instante y no logras comprender porqué la canción suena si el CD no está metido. El reproductor se saltas pistas y tú sigues avanzando; y las notas se tornan besos y las melodías, abrazos. Los minutos ya no existen y los días se vuelven suspiros, introducidos por respiraciones entrecortadas.

Y uno, dos y tres.
Abres los ojos.
El tiempo corre, algo se mueve, los segundos existen y alguien ha vuelto a soñar despierto.

jueves, 22 de marzo de 2012

Entre lagos y mares


A veces, es difícil decidir, otras veces, apenas lo intentamos. Nos quedamos estancados como el agua de aquel lago, y nadamos sin saber que el agua solo nos cubre hasta los pies. Y cuando parecemos vislumbrar ese flotador que nos mantiene vivos, descubrimos que ya estamos empapados, mojados de algo que no es lluvia, de algo que no requiere ni paraguas. Y buscamos un chubasquero solo para protegernos, pero parecen desaparecidos, ausentes o escondidos. Como todo por lo que vivimos, todo por lo que luchábamos, porque ya no luchamos, y nos quedamos ahí, en el agua, como al principio, sin rescate ni socorrista. En un lago que se ha convertido en río y con tendencia a ser mar. Y yo me pregunto porque crece si nosotros nos quedamos pequeñitos, pero nadie parece escucharme aunque grite a través de una tormenta inventada o una lluvia entrecortada. Ya no hay vencidos ni vencedores, solo alguien solitario. Sin cubierta y con piel, algo digno de ver y te preguntas si estoy bien y yo solo te puedo responder, que alguien ya se ahogado.

domingo, 11 de marzo de 2012

Ella está ahí.


Ella. Ella está ahí, aunque nadie repare en su presencia. Es ese bulto minúsculo que se asoma entre tus recuerdos pero que retiras con frecuencia. Pelirroja como el más puro de los fuegos, pero tan inocente como una llama. En silencio y suspirando, se pueden oír sus debilidades, sus tristezas y sus carencias. Esa línea fija y recta dibujada en su cara, algún día, lejano ya, fue una bonita sonrisa que se alzaba ante los problemas. ¿Y qué me dices de esos ojos? Ahora rojos de tantas gotas de cristal.... Pero fueron tuyos, tuyos y de las estrellas. Aunque quizás ya no te acuerdes. Mírala. Hace un amago para levantarse, pero se hunde, como tantas veces le pasa ahora. Necesita de tu ayuda, pero su voz no llega ni a emitirse. Y te espera, aunque tú ya no le creas. Tú, que ya no eres nada y a la vez lo fuiste todo. No te vayas, dicen sus pensamientos, que es lo único que se mueve en su interior. Pero parece que ya no lo soportas, no soportas esta situación. Y te vas, al igual que como entraste. Solo y sin ella.

domingo, 4 de marzo de 2012

Recuerdos de un amor olvidado


Querido :
En el fondo, ¿sabes lo qué pasa? Que me da igual quien eres o no eres cuando no estás conmigo. Que la luna cuando mira entre las estrellas, no sabe los secretos que escondes tan bien que yo aun no he logrado descifrarte. Que aunque te enfades hoy, sé que mañana vendrás con un perdón en la boca. Que todas esas manías tuyas son lo más perfecto entre lo imperfecto. Y que me encanta esa costumbre tuya de hacerme enfadar y hacerme entender que sin ti no puedo vivir. Que te mataría a besos, y puedo asegurarte que sería una dulce muerte. Que te comería a abrazos y sé que ya no querría probar a nadie más. Y que sin ti, sin los dos, las cosas no mueren, se hacen más fuertes. Que me da igual perderte si sé que te voy a encontrar y que me vas a buscar. Que los te quiero en la lejanía, saben a distancia, pero a distancia con sabor a te echo de menos. Que ni yo misma me entiendo ni pretendo que tú lo hagas. Que decirte, que me da igual, todo, porque te tengo y me tienes. Aunque tú... todavía no sepas eso.