Sonrisas que brillan

Pequeñas sonrisas

Perdonar es de valientes

Capítulo 1
Un sol travieso se cuela por los resquicios de la ventana jugando a las sombras de su pelo. Haciéndola salir de su ensoñamiento. Un sueño que se intenta apoderar de ella. Pero no lo consigue, y abre los ojos. Una sonrisa se dibuja en su cara. Buenos días mundo. Es un día nuevo. Distinto, quizás. Se levanta de un salto, entusiasta de la vida. El recuerdo nostálgico del olor a tostadas invade el aroma hogareño. Libertad y soledad, hoy grandes amigas y aliadas. La radio suena en todos los rincones de la casa. Bob Marley con su Don't worry be happy canta para ella. Y ella lo sabe. Una carrera acróbata hasta llegar a su cuarto y vestirse. Unos vaqueros rotos, teñidos de vacíos, un jersey hecho a su medida como esos brazos que antaño la arropaban y unas botas, calientes, ahuyentando su invierno. Un moño suelto y con líos, como los de su cabeza. Las llaves, bolso y se va. Saltando. Volando. Se desliza por las escaleras. Último escalón y casi se tropieza. Y su energía disminuye. Mierda. Se queda quieta. Paralizada a causa de la impresión. De ver lo más inesperado. Es surrealista, piensa. Él. Él y su cara de "te he echado de menos". Él y la única palabra que hace tiempo quiso escuchar: Perdóname.

Capítulo 2 

¿Perdóname?
- Yo... me voy.
- No, espera.- y le tocó el brazo como solo él sabía hacer, esparciendo el calor de su cuerpo hasta partes que ni creía posibles. Lo estaba volviendo hacer, la estaba disuadiendo.
- No tenemos nada de que hablar- fría y cortante.
- Quizás hablar no...
Fue acortando lentamente la distancia entre ellos, cruces de miradas peligrosos. Ya no había espacio existente entre ellos. Cuerpo a cuerpo, piel con piel. Lentamente la cogió de la nuca, y le acarició con la más dulce de las caricias. Y entonces, ocurrió. La besó. No fue un beso suave, cariñoso ni tierno sino devastador. Un beso desesperado, ferviente, necesitado, robado. Exigiendo todo lo que hace tiempo no pudo hacer. La chispa de su conexión les encendió a los dos, de una forma inclusa dolorosa.
Ella se derritió al más mínimo roce de sus labios. Se dejó llevar. Se fundió con él. Ese beso le hizo olvidar, olvidar todo su resentimiento, sus ganas de huir, su ceño fruncido al mirarle. Todo, absolutamente todo lo que tenía que ver con él. Pero una idea ligera cruzo su mente y fue un error, un error para él. Porque inmediatamente ella se separó de él. Y le empujó, le insultó, le gritó, le exigió, le lloró y todo verbo pasado que se le quedó atragantado desde la última vez que lo vio. Quedaba tan lejos... Consiguió relajarse, derrumbándose y apoyándose en sus brazos, esos que la conocían tan bien, centímetro a centímetro. Eran el hueco perfecto para alejar su soledad y hundirse en él. Él... Basta. Intentó poner distancia entre los dos.
- Desaparece, por favor.
- Yo... lo siento. Siento haber huido, haber sido un cobarde, no haberte dicho un te quiero al oído, no habernos fugado para cumplir todos nuestros sueños, haberme alejado de ti cuando más me necesitabas. Necesito que me perdones. Lo necesito.- "Te necesito" quiso gritar.
- No tengo nada que perdonarte. Tú ya no me importas. No eres nadie. No significas nada.
Se obligó a pronunciar las palabras más tristes e hirientes que encontró. Pero tenía que hacerlo, debía alejarse de él, no podía... no, otra vez no.
Al oír aquello, algo se rompió en él. Un trocito de esperanza, un atisbo de ilusión. Se limitó a quedarse allí, de pie, inmovilizado y anclado a sus palabras... No podía ser verdad.
Mientras él se engañaba mentalmente, ella se marchó. Desapareció de su vida como lo hizo él en su día. Dejándole solo, con el único recuerdo de una lágrima furtiva resbalando por su cara.

Capítulo 3 
Huyó. Huyó como si tan solo fuera una niña pequeña asustada intentando escapar de sus problemas y con la certeza de que sus padres se los resolverían. Pero se dio cuenta de que allí no había ninguna cara conocida que la rescatase. En esos momentos, su cara era un poema de sensaciones corriendo a 100 rpm. Tuvo que escapar de sus grilletes inventados y de sus besos encantados. Su príncipe irreal había regresado para... ¿para qué? pensaba ella una y otra vez, intentando entender algo comprensible de todo esto. No había tenido tiempo para reaccionar. Verlo ahí... de nuevo, con el lo siento escrito en sus ojos, la había desarmado. En un principio, se dejó llevar, pero fue un error y lo supo en el momento que cayó en sus brazos. Pero es que lo había echado tanto de menos... Noches enteras llorando su ausencia y pidiéndole, rogándole a la luna una noche más... para contemplar las estrellas de su espalda y trazar un camino sin retorno. Los miles de días repasando sus mensajes en su cuerpo y sus besos en sus ojos. La sonrisaaparecía segundos después de pensar en él para dar dar paso a una lluvia de recuerdos.

Un sonido, algo molesto, pareció llamar desde el bolsillo izquierdo de su pantalón. Un mensaje. Precipitadamente lo abrió, esperando verle a él reflejado en la pantalla... pero lo único que vio fue un Feliz navidad de Movistar. Defraudada siguió creando rompecabezas incapaces de ser resueltos. Una preguntaba no dejaba de resonar una y otra vez en su cabeza... ¿por qué? ¿por qué ahora? Cuando casi empezaba a olvidarle. A olvidar sus manos pegadas en su cuerpo, a desterrar los susurros en la nuca soplándole sus miedos y a despegar los besos tatuadas en su piel. Una carcajada amarga salió de su garganta. ¿A quién pretendía engañar? Aun lo echaba de menos...

Paseó durante horas, hasta perder la noción del tiempo, viéndose envuelta en cavilaciones que no le llevaban a ninguna parte y dejando escapar tristes mentiras convertidas en lágrimas. Empezó a caminar rumbo a su casa, su refugio indestructible, no tan resistente. Con la luna acompañándola por el camino, haciéndole compañía en una noche sin estrellas. Exhausta y cansada entró en su portal, temiendo encontrarle, otra vez, a él. Pero nadie la esperaba. Subió, rápida, las escaleras como intentando huir del viento. Entró, suspirando, en su piso. Despojándose de su abrigo, se dirigió inmediatamente a la cocina para prepararse un café y que este impregnase el dolor de su cuerpo.

Sin darse cuenta, en el extremo de su casa, empapada de los ruidos de la cafetera, un móvil emitía un sonido inaudible. Pero... esta vez, Movistar no apareció en la pantalla...

Capítulo 4
Mensaje enviado. Lo había hecho. No había marcha atrás. El mensaje aparecía en su móvil desesperado por recibir una respuesta. ¿Cuánto tiempo había pasado? Tic tac... 5 minutos... ¿solo? Para él, fueron eternos. Manecillas arrastradas por una fuerza desconocida al ritmo de un vals lento, muy lento. Los suspiros volaban por el aire húmedo (de tanta lágrima suelta corriendo por algún rincón) de la habitación. Creía que no estaba todo perdido... Vio su mirada, la sintió. Ella no sabía mentir. No, no, no... la conocía demasiado bien...  Se había tocado el pelo e inmediatamente la palabra culpable resonó en su cabeza. Pero, ¿por qué? ¿por qué se marchó? Bueno vale... hacía tiempo que no se veían, unos seis meses quizás. Pero... podían cambiar. Claro que sí. Todo podía volver a ser como antes. Él lo deseaba fervientemente. No podía vivir sin ella. Ahora no. Ya no. Se dio cuenta demasiado tarde, sí, eso lo sabía demasiado bien. Pero dicen que más vale tarde que nunca. Así que por eso, lo decidió. Decidió ir a buscarla y correr a sus brazos, bueno no tan literal, es cierto. Pero se devanó los sesos mirando por cada esquina, cada calle, cada casa, a ver si su mirada sobresalía en alguna cara desconocida. Y cuando la encontró, su cara se tornó del color de la vida y se sintió feliz. El beso... no había hecho más que desenterrar los recuerdos, recuerdos de ella, de los dos, juntos. Pero, su mirada lo cambió todo... verla irse, de repente, había sido demasiado para él. Parecía que la historia se repetía. Pero, algo tenía claro: él lucharía. Lucharía como no lo hizo en su día. Era todo o nada. Y él nunca se conformaba con "nada". El mensaje había salido de un impulso. Rápido, espontáneo, surgido de arriesgar. Te necesito. Sé que no tengo derecho a decírtelo pero te echo de menos, mucho. Por favor, llámame. Te quiero. Con ese mensaje se había sentido liberado. Las cadenas que le oprimían desaparecieron y quiso gritarle al mundo entero con osadía.

En otro lugar, otras circunstancias y la misma hora, una chica se dirigía a su cuarto. Una luz parpadeante la sacó de su ensimismamiento. Un mensaje. Vaya, no me dejan tranquila ni un segundo. Ese pensamiento se fue esfumando lentamente como el humo del café a medio beber al empezar a leerlo. No... No se lo podía creer. ¿Él? ¿Otra vez? pero... pensaba... se lo había dejado... claro. Su cabeza era un sinfín de ideas sin principio ni final. ¿Te quiero? ¿En serio? Vale, ¿qué hago? ¿qué hago? ¿qué hago? Bien... le contesto, ¿no? No debería, lo sé... pero... Quedamos mañana a las 10 en mi portal. Ya está, hecho.

Mientras ella se moría por dentro reconstruyendo recuerdos y aumentando sus latidos sin control... alguien en el otro extremo de la cuidad, sonreía cual estrella del firmamento.