Sonrisas que brillan

Pequeñas sonrisas

martes, 21 de febrero de 2012

El agua de sus recuerdos


Abrir el baúl de los recuerdos y escuchar a Karina cantarte al oído, como un suave susurrar teñido de nostalgia. Rememorar esos instantes que fueron efímeros, mágicos en su momento. Que fueron parte de los dos, una parte de ella, y un trozo de él. Sentimientos que escapaban de sus dueños y recorrían juntos la maratón más difícil de todas, la del amor. Oír lo dulce que es respirar y suspirar por los dos para aspirar ese viento compartido, esas ansias de escapar y liberarse... como si estuvieran atadas a una cadena, llamada distancia. Y no poder cortarla y tirarla al más profundo de los abismos, esos que no se han asomado todavía a visitarles. Porque eran felices, lo eran. Y eso se notaba a años luz, a mensajes y a palabras... y nadie deseaba más que ellos que se rompieran las barreras, inexistentes ya ahora. Y que se deshagan en uno solo, que se fundan cuan hielo al sol y que no quede nada más bonito que el agua de sus recuerdos.

sábado, 11 de febrero de 2012

Tristeza translúcida


Había dejado de soñar en príncipes azules que le trajeran el desayuno a la cama y una sonrisa de buenos días. En vez de eso se conformaba con un beso de despedida cada mañana y con una cara nueva cada día al levantarse. Sus sábanas eran el mejor refugio para el amor de cuatro polvos y el sabor de quiéreme esta noche. Nunca podías adivinar que nuevo cuerpo aparecería en su cama hoy. Era un enigma que ni ella podía resolver. Noches de dura resolución y ojos a la imaginación eran suficientes para llamar la atención de ese chico rubio de allí y el pelirrojo, cuatro pasos más allá. Eran vida para reciclar. Eran como un pañuelo de usar y tirar. Para limpiar tres recuerdos que aun se quedaban adheridos a su piel y se resistían a salir. Ni el más puro de los fuegos ni el más rubio del local eran capaz de calmar su tristeza, que, a veces, translucía su cuerpo entre jadeos y besos. Besos que desaparecían cada amanecer para ser sustituidos por los brazos de después. Y no eran 5, sino mil tragos de alcohol los que necesitaba para olvidar esa sonrisa que la atormentaba hasta en sueños, esos ojos que la derretían y la consumían, como la ceniza del último cigarro que se había fumado una noche cualquiera con un chico cualquiera.

domingo, 5 de febrero de 2012

Hablando de recuerdos.


Habría querido decirte tantas cosas, que ninguna palabra salió de mi boca. Me quedé petrificada como en una de esas película de Harry Potter; como si un hechizo me contuviera y yo fuese incapaz de usar mi magia como debería. Porque no sé, ¿sabes? No sé lo qué tendría que hacer en estos momentos... a lo mejor, en un pasado, lo supe, pero ahora... ¿quién me lo diría? ¿tú? Tú que estás tan ocupado viendo princesas despertar y putas que acostar. Y me río amargamente por no llorar, créeme, porque ese agua ya empieza a escocerme en los ojos y yo no hago otra cosa que cerrarlos para que se contengan y no caigan. Pero al final terminan haciendo todo lo contrario a lo que hago, y me amenazan y salen. Y entonces desespero en el mismo instante que un torrente se avecina, no sé si por las montañas o aquí justo por mi cara. Y en esos momentos, es cuando me acuerdo de ti, otra vez, para no perder costumbre... Y te imagino ahí, delante, detrás o a mi lado, pero aquí, conmigo. Y entonces me secas mi cara, me soplas despacio y me drenas el alma. Y te vas, dejándome vacía, como una flor marchita como una chica sin vida. Entonces me levanto y me digo que te den, que te den todo lo que yo he sufrido y todo lo que he aguantado. Pero el silencio ni me habla y me da por la bebida, como me dio por tus recuerdos, y saco un vaso vacío para llenarlo de penas.. de esas penas que ya no sé si te importan.