Sonrisas que brillan
Pequeñas sonrisas
viernes, 20 de abril de 2012
Sonrió.
Todo ocurrió de repente. En una milésima de segundo el precipicio se abrió y comenzó a descender en una vorágine de espirales interminables, cada vez más profundas, cada vez más negras. Solo pensaba en una cosa, un pensamiento que le rondaba por las piernas, por las manos y los labios. Que le recorría como si fueran pequeñas descargas eléctricas. Tenía frío, pero sentía calor, un calor que perlaba su frente de pequeñas gotas que marcaban que algo real ocurría. La caída se aproximaba, no cesaba, continuaba. No quedaba tiempo, no quedaba nada. Todo descendía y las cosas parecían precipitarse; sin control, sin un porqué. Más abajo, más y más aún. La sensación de vacío no terminaba, el frío aumentaba por suspiros y el viento se movía por decibelios. Vértigos, mareos y nauseas. Aquello era un popurrí de sentimientos que se entremezclaban para proclamar desconcierto e ignorancia. Y como si los ángeles hubiesen cantado, el ruido desapareció, el frío se paralizó y ella parpadeó. Sus extremidades cobraron sentido y con torpes movimientos hizo amago de ponerse en pie. Se echó un vistazo y se levantó. Como una autodidacta se limpió los ojos llorosos, se peinó y sonrió. Sonrió. Nunca nadie había sonreído de esa manera. Como si la felicidad estuviese delante de ella. Y eso fue suficiente. Suficiente para comprender el poder de una sonrisa. Porque solo fue necesaria una sonrisa para darse cuenta de que si quieres, puedes.
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1 comentario:
que sepas que echo de menos tus entradas y cuando publicas me sale una sonrisa instantánea carol!! :) la foto viene que ni pintada!! muchisimos besos!
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