
A veces, es difícil decidir, otras veces, apenas lo intentamos. Nos quedamos estancados como el agua de aquel lago, y nadamos sin saber que el agua solo nos cubre hasta los pies. Y cuando parecemos vislumbrar ese flotador que nos mantiene vivos, descubrimos que ya estamos empapados, mojados de algo que no es lluvia, de algo que no requiere ni paraguas. Y buscamos un chubasquero solo para protegernos, pero parecen desaparecidos, ausentes o escondidos. Como todo por lo que vivimos, todo por lo que luchábamos, porque ya no luchamos, y nos quedamos ahí, en el agua, como al principio, sin rescate ni socorrista. En un lago que se ha convertido en río y con tendencia a ser mar. Y yo me pregunto porque crece si nosotros nos quedamos pequeñitos, pero nadie parece escucharme aunque grite a través de una tormenta inventada o una lluvia entrecortada. Ya no hay vencidos ni vencedores, solo alguien solitario. Sin cubierta y con piel, algo digno de ver y te preguntas si estoy bien y yo solo te puedo responder, que alguien ya se ahogado.





















